La sonda Solar Orbiter ha medido por primera vez directamente el campo magnético de los polos del Sol, saliendo del plano de la eclíptica (el disco plano donde se mueven los planetas). Con el instrumento PHI registró el flujo magnético y su densidad en latitudes de unos 15° desde los polos, estudiando el norte y el sur con un mes de diferencia. El flujo neto en los dos casquetes polares se distribuye de forma diferente, y las lecturas dependen del ángulo de visión. Es como asomarse por primera vez a la cima de una colina magnética: el descubrimiento allana el camino para futuras imágenes detalladas de las altas latitudes.
El Sol no es solo una esfera, sino una mansión magnética. Sus invisibles hilos de fuerza, como un cableado eléctrico, atraviesan el espacio y controlan el clima espacial. Pero hasta ahora solo habíamos visto ese cableado desde el rellano de la escalera: desde el plano de la órbita terrestre. El papel del ático y el sótano, los polos magnéticos, seguía siendo un misterio.
En 2025, la sonda Solar Orbiter, como un electricista con su multímetro, se coló en los pisos invisibles. Su instrumento descompuso la luz en bandas de colores para revelar los patrones magnéticos. Y entonces, sorpresa: el polo norte y el polo sur resultaron tener arquitecturas distintas. Los flujos magnéticos en ellos no solo son diferentes, sino que cambian de forma asíncrona: cuando uno gana fuerza, el otro se debilita, y esta danza se acelera mes a mes.
Este hallazgo en el ático es la clave del ritmo de 11 años en el que se invierten los polos solares. Al entender cómo parpadea el cableado arriba y abajo, podremos calcular con mayor precisión cuándo una tormenta magnética golpeará las redes eléctricas terrestres.
🎯 Cada 11 años, los polos magnéticos del Sol intercambian sus lugares, como una casa donde el ático y el sótano intercambian roles. La última vez ocurrió en 2013.