Los científicos midieron por primera vez la velocidad de expansión del universo comparando las 'distancias' provenientes de ondas gravitacionales con la posición de galaxias lejanas, como si determinaras la distancia a una ciudad por el sonido de sus sirenas y un mapa. El resultado se acerca a otras estimaciones, pero el método apenas comienza a funcionar. Imagínate: ¿el universo revela sus secretos a través del temblor del propio espacio-tiempo?
El Universo se expande, y cada cúmulo de galaxias participa en una danza grandiosa. El ritmo de esta danza lo marca la constante de Hubble, que fue medida por primera vez por Edwin Hubble hace casi un siglo. Refinar ese número es difícil, pues se necesita una regla de miles de millones de años luz.
Ahora entran en juego los «tambores cósmicos»: las ondas gravitacionales, que sacuden el espacio cuando chocan estrellas muertas. Estas llevan la impronta de la distancia sin ayuda de la luz. Al comparar el volumen de dos de estas señales con los mapas de millones de galaxias, los científicos detectaron el momento en que la danza y el ritmo convergen. Ese pico de correlación, con una certeza de 5,9 sigma, dio la velocidad de expansión: 67 kilómetros por segundo por megapársec (una galaxia a 3 millones de años luz se aleja de nosotros a esa velocidad).
Es sorprendente que el método funcionara incluso cuando la posición exacta de una de las galaxias seguía siendo desconocida. Tan solo dos mediciones abrieron el camino hacia una regla cósmica independiente para el futuro.
🎯 En astronomía, las distancias se determinan mediante objetos de brillo conocido: se les llama «velas estándar». Las ondas gravitacionales funcionan de otro modo: su volumen indica directamente la distancia. Por eso, a estas fuentes se les apodó «sirenas estándar»: un sonido cósmico que comunica cuán lejos se encuentra.