Un fino chorro de agua fluye por una tabla fría e inclinada y se convierte en una cresta de hielo ante nuestros ojos. Primero, el agua se abre un camino recto de hielo, como si ella misma reforzara sus orillas. Luego, el arroyo comienza a serpentear y el hielo se extiende rápidamente hacia los lados. Finalmente, la cresta deja de crecer en anchura y comienza a engrosarse, suavizando las irregularidades.
La cámara térmica mostró que el tiempo que el agua pasa en diferentes secciones de la tabla sigue una regla simple: en el centro, más; en los bordes, menos. Es como con un sendero muy transitado: cuanta más gente camina por el mismo lugar, más profunda es la huella. Solo que aquí, en lugar de pies, está el calor del agua, y en lugar de tierra, el hielo que crece.
Los científicos dedujeron una fórmula que predice la altura del hielo en cualquier punto. La fórmula dice: cuanto más lejos del inicio del arroyo, más alto es el hielo, y crece exponencialmente: primero lentamente, luego cada vez más rápido. Las pruebas experimentales mostraron una excelente concordancia. Estos cálculos serán útiles para predecir cómo se forma el hielo en cables, techos o alas de aviones.
El agua que fluye sobre el hielo ya formado gasta menos calor en enfriarse, por lo que el hielo en la parte inferior crece más rápido que en la superior.