Los bailarines se toman de las manos y se mueven con una sincronización perfecta. En un aislante excitónico, los electrones y los huecos forman pares ligados que se condensan en un único estado cuántico, como parejas de baile que no pierden el paso. Pero, ¿qué ocurre si uno de ellos tropieza? Investigadores han estudiado el cristal Ta2Pd3Te5, en el que faltan algunos átomos de teluro: son vacantes, una especie de baches en la pista de baile. Con microscopía de efecto túnel han visto que cada vacante crea un par de picos espectrales dentro de la banda prohibida. Estos picos son la huella de un par roto: un electrón y un hueco que ya no pueden bailar juntos.
La energía de estos picos depende de cómo esté colocado el defecto y se puede variar suavemente con el campo eléctrico de la punta del microscopio. Es como la tensión de una cuerda que cambia su tono: cuanto más fuerte es el campo, mayor es la energía de los estados. El mapeo muestra que los componentes del par se distribuyen de manera diferente en el espacio y están electrónicamente acoplados. En las regiones donde hay un fuerte desequilibrio entre electrones y huecos, aparece un segundo par de estados con energía aún menor, como si el baile se rompiera dos veces, de dos maneras distintas.
Estas observaciones constituyen la primera "huella" atómica de la ruptura local del apareamiento excitónico. Comprender cómo se rompen los pares es fundamental para controlar las fases cuánticas de la materia y, posiblemente, para futuros dispositivos basados en condensados excitónicos.
El aislante excitónico fue predicho teóricamente ya en la década de 1960, pero solo en los últimos años se ha podido observar experimentalmente gracias a los avances en microscopía de efecto túnel.