En teorías que suponen la existencia de una longitud mínima, los autores aclararon una sutil diferencia entre los espacios de Hilbert para el momento canónico y el momento generalizado. Resulta que, debido a esta longitud mínima, el momento canónico puede tener autovalores complejos — magnitudes con una parte imaginaria. Como consecuencia, surge un nuevo mecanismo de entrelazamiento: las partículas se conectan por un hilo invisible tejido por el espacio. Esto resalta cómo las teorías con restricciones fundamentales enriquecen nuestra comprensión de los efectos no locales.
El espacio-tiempo a distancias ultrapequeñas se asemeja a una pantalla digital: no es liso, sino que está compuesto por diminutos «píxeles». Esta longitud mínima fue calculada por Max Planck, y el principio de incertidumbre de Heisenberg explica por qué el mundo no puede ser continuo: una medición precisa siempre distorsiona la realidad. Así surge la discretitud cuántica del espacio. Los físicos investigaron cómo esta pixelación modifica una propiedad básica de las partículas: el impulso, es decir, la medida de su movimiento.
Resultó que en el mundo pixelado, el impulso deja de ser nítido: aparece una parte «imaginaria» y difusa, como si la partícula acelerara y decayera al mismo tiempo. Este efecto es impensable en la mecánica cuántica habitual, pero surge naturalmente si se mira más allá de los límites del Modelo Estándar e incluso en la física de los agujeros negros, donde ideas similares ayudan a resolver el enigma de la evaporación. Pero lo más sorprendente es otro hallazgo. La estructura pixelada por sí sola puede entrelazar partículas. Normalmente, para ello se necesita un choque o un nacimiento conjunto, pero aquí no hace falta ninguna acción: la discretitud del espacio actúa como un pegamento invisible que une instantáneamente los estados cuánticos. Esta entrelazamiento espontáneo podría llamarse una nueva cara de la «espeluznante acción a distancia» de la que advirtió Einstein.
🎯 Si aumentáramos un átomo hasta el tamaño del universo observable, la longitud mínima de Planck sería comparable a la altura de un árbol, apenas unos diez metros.