Las galaxias como nuestra Vía Láctea son discos planos de estrellas. Usando el telescopio espacial James Webb, los astrónomos observaron galaxias muy lejanas para medir qué tan gruesos eran estos discos hace mucho tiempo. Descubrieron que ya hace 11 mil millones de años, las galaxias tenían discos delgados similares a los actuales. Imagina apilar unas cuantas tortitas: así de planas son, desafiando las ideas de que se hincharon con el tiempo.
El telescopio espacial James Webb observó hacia atrás 11 mil millones de años y divisó galaxias orientadas de canto hacia nosotros. Para medir su grosor, los científicos desarrollaron un método ingenioso: lo calcularon de la misma manera que el grosor de un panqueque ligeramente inclinado, no estrictamente horizontal. Las estimaciones anteriores sufrían de imprecisión porque asumían un ángulo perfecto.
Resultó que los antiguos panqueques estelares son casi tan delgados como el disco de nuestra Vía Láctea: su diámetro es aproximadamente ocho veces mayor que su grosor. Este descubrimiento cambia la idea: los discos delgados no son el resultado de una larga evolución, sino el estado natural de las jóvenes galaxias en una época en que el universo se expandía rápidamente. Además, no se encontró ninguna capa gruesa notable en ellas.
Esto significa que los discos gruesos que vemos en galaxias cercanas se añadieron más tarde, probablemente cuando la población estelar se 'sacudía' durante colisiones. He aquí un giro inesperado: nuestra propia Vía Láctea en su juventud también era esbelta; su robustez actual es consecuencia de una historia turbulenta.
🎯 Si el disco de nuestra Vía Láctea se redujera al tamaño de un disco de vinilo, su grosor sería comparable al de una hoja de papel.