Dos agujeros negros giran uno alrededor del otro, y su danza no siempre se parece a un vals regular. Si los agujeros giran sobre su propio eje, su órbita puede empezar a tambalearse, como una peonza a la que empujan y se inclina hacia un lado sin dejar de girar. Ese bamboleo altera las ondas que se propagan por el espacio, y por esos cambios se puede aprender mucho: cómo nacieron esos agujeros, cómo se expande el universo y si la relatividad general es correcta.
Pero encontrar una señal tan tambaleante en los datos de los detectores no es tarea fácil. La señal es débil y el ruido de fondo es como un mercado en hora punta. Los científicos construyen "plantillas", es decir, patrones precalculados de cómo podría ser la señal de diferentes pares de agujeros. Si la señal real se parece a una de las plantillas, se detecta. El problema es que para órbitas tambaleantes se necesitan muchísimas plantillas, y revisarlas todas es como buscar una aguja en un pajar donde cada paja se mueve.
Los investigadores aplicaron este método a los datos de los detectores LIGO de la tercera campaña de observación, pero no encontraron nuevos eventos. Sin embargo, el método en sí funcionó de maravilla: detecta señales un 28% más débiles que antes y consume cinco veces menos potencia de cálculo. Cuando los detectores sean más sensibles, esta búsqueda ayudará a escuchar incluso el tambaleo más silencioso de una pareja lejana de agujeros negros.
El tambaleo de la órbita de los agujeros negros dobles se parece al comportamiento de una peonza si se empuja ligeramente: no se cae, sino que su eje empieza a describir círculos.