Los científicos propusieron un modelo en el que la misteriosa fuerza (energía oscura) posee algo parecido a la inercia: necesita tiempo para reaccionar, como un péndulo pesado. Debido a esto, la expansión del universo no se acelera eternamente, sino que se amortigua, como un péndulo en miel espesa. El freno lo pone el caos —la entropía en los bordes del cosmos observable (idea cercana a los trabajos de Jacob Bekenstein).
Como resultado, la expansión se detiene por completo. El escenario mismo de la existencia —el espacio-tiempo— se vuelve perfectamente liso y vacío, como una mesa pulida. La verificación con los datos sobre la dispersión de las galaxias mostró una excelente coincidencia con el modelo, incluso mejor que con las teorías convencionales. Un giro inesperado: el modelo predice que en el universo temprano la velocidad de expansión pudo haber temblado ligeramente, como una ondulación en la superficie. Esos temblores aún no son visibles, pero quizá los futuros telescopios logren captarlos.
🎯 Sin explosión ni contracción: en algún momento el cosmos simplemente dejará de cambiar, como un lago congelado.
🎬 Esto recuerda a la «muerte térmica» del relato de Isaac Asimov «La última pregunta»: un apagón silencioso sin renacimiento.