En el detector BESIII, las partículas representan una obra de teatro: chocan, nacen y se desintegran, dejando destellos de luz. Pero a veces un actor puede salir del escenario sin ser visto, por una puerta secreta que las cámaras no captan. Los físicos buscaban precisamente esas desintegraciones "silenciosas", en las que una partícula se convierte en algo invisible para los instrumentos.
Para ello, utilizaron diez mil millones de eventos con la partícula J/ψ, algo así como revisar diez mil millones de fotografías del mismo instante. Buscaron tres escenarios: el barión sigma más se desintegra en un protón y una partícula invisible; el xi menos, en un pión y una invisible; y el barión lambda puede oscilar hacia su antipartícula, lo que violaría la conservación del número bariónico. En ningún caso encontraron nada sospechoso.
Estos límites son los más estrictos hasta la fecha. Atan de manos a los teóricos que idean modelos con un sector oscuro: si las desintegraciones invisibles existen, deben ser aún más raras de lo que se pensaba. La puerta secreta, si existe, es muy estrecha.
La partícula J/ψ fue descubierta simultáneamente en 1974 por dos grupos, uno en Estados Unidos y otro en China, y su nombre combina ambas designaciones: J y ψ.
En la serie "Dark Matter", las personas llegan a un mundo donde la física habitual no funciona, igual que en la búsqueda de desintegraciones invisibles, donde la energía se escapa a una dimensión desconocida.