La joven estrella TOI-451 se bambolea ligeramente cuando tres planetas orbitan a su alrededor. Cada uno de esos bamboleos es como el temblor de una telaraña cuando una arañita la recorre. Los astrónomos captaron ese temblor para saber cuánto pesan los planetas.
Siguieron a la estrella durante varios meses con telescopios en la Tierra. Los planetas pasaban una y otra vez frente a la estrella, y su luz se atenuaba por un breve instante. Esos "eclipses" permiten conocer el tamaño de los planetas, y los bamboleos de la estrella revelan su masa. Pero la estrella también tiembla por sí misma: tiene manchas y erupciones, como granos en la cara de un adolescente. Para distinguir el temblor causado por los planetas del temblor propio de la estrella, los científicos usaron un truco matemático ingenioso. Observaron la estrella simultáneamente en dos frentes: uno captaba su luz y otro su velocidad. Así lograron restar las interferencias y escuchar el susurro de los planetas.
El planeta b pesa aproximadamente como cuatro Tierras. Podría ser rocoso, como el nuestro, pero con una fina capa de hidrógeno, o estar compuesto casi por completo de agua. El planeta c es un misterio: su masa no supera las once Tierras, pero por ahora no se puede precisar más. En cambio, el planeta d es más pesado, unas diez Tierras, y seguramente tiene un denso abrigo de hidrógeno.
Estos tres mundos son como tres adolescentes de complexión distinta. Uno es delgado y rocoso, otro regordete y gaseoso, y el tercero está en un punto intermedio. Observándolos, los astrónomos esperan vislumbrar cómo los planetas maduran y se despojan de sus primeras vestiduras.
El planeta b tiene solo 125 millones de años: en términos cósmicos es un bebé, pero ya ha perdido parte de su atmósfera de hidrógeno.