El gato de Schrödinger suele esconderse en experimentos mentales, vivo y muerto a la vez. Esta vez lo atraparon en el laboratorio: se hizo que un pulso de luz estuviera en dos estados opuestos a la vez, como una moneda suspendida en el aire mostrando cara y cruz al mismo tiempo.
Para ello, tomaron dos fotones individuales —partículas de luz que se pueden contar uno a uno, como manzanas en una cesta. Un fotón era como «simple», el otro «doble». Los mezclaron en un espejo semitransparente, que deja pasar o refleja la luz de manera aleatoria. Cuando en la salida destellaba la señal adecuada, el pulso quedaba en estado «gato»: una mezcla de dos ondas opuestas.
¿Para qué sirve esto? Los ordenadores cuánticos se equivocan ante el más mínimo ruido, como una orquesta que se desajusta por una tos en la sala. Los estados «gato» son la base de códigos que permiten detectar y corregir errores sin destruir el cálculo. Ahora se pueden crear «gatos» más grandes y repetirlos muchas veces.
La moneda suspendida en el aire, por fin, no es solo una imagen mental, sino también una herramienta de trabajo.
El «gato» obtenido es tan grande que sus regiones negativas en el mapa especial (la función de Wigner) se pueden distinguir sin microscopio: se ven como tres hundimientos claros.