Cuando la luz de una galaxia lejana viaja hacia nosotros, la materia oscura en su camino curva ligeramente los rayos, como un vidrio irregular. Los astrónomos miden estas distorsiones para entender dónde se esconde la masa invisible. Pero las galaxias también tienen distorsiones propias, "innatas": no se alinean al azar, sino que siguen los hilos invisibles de la telaraña cósmica. Es como si intentaras evaluar la curvatura del vidrio de una ventana, pero los propios vidrios estuvieran ligeramente curvados de antemano.
Los científicos de la colaboración Dark Energy Survey probaron un método de "autocalibración" que debería separar las distorsiones innatas de las causadas por la materia oscura. Lo aplicaron a datos reales del telescopio del primer año de observaciones. En las galaxias lejanas se encontró la señal, pero en las cercanas todo es ambiguo. La causa, muy probablemente, son los errores en la estimación de las distancias a las galaxias: el método de autocalibración es muy exigente con la precisión de estas estimaciones.
Los autores mostraron cómo diferentes formas de reconstruir la distribución de distancias afectan el resultado. El mismo conjunto de galaxias puede dar una pista débil de la señal o su ausencia total. Este es un paso importante para futuros relevamientos del cielo que recopilarán cientos de veces más datos.
Las distorsiones innatas de las galaxias se notaron por primera vez en el año 2000, pero hasta ahora siguen siendo uno de los principales obstáculos para el mapeo preciso de la materia oscura.