Un bloque de hielo del tamaño de una pequeña ciudad surca el espacio. Cuando se acerca al Sol, el hielo comienza a evaporarse y del cometa brotan chorros de gas y polvo. Estos chorros funcionan como diminutos motores de cohete: empujan al cometa y lo hacen girar. Esa es precisamente la escena que observaron los astrónomos en el cometa 3I/ATLAS después de que rodeara el Sol.
Para averiguar la velocidad de rotación del cometa, los científicos emplearon dos métodos independientes. El primero consiste en observar el chorro de gas que sale del núcleo del cometa. En las imágenes del telescopio espacial Hubble se aprecia cómo ese chorro cambia de posición, como la manecilla de un reloj. El segundo método mide el brillo del cometa: cuando gira, su brillo aumenta y disminuye, como el de una linterna que rota. Ambos métodos arrojaron resultados parecidos: el cometa completa una vuelta en unas 7 horas.
Una coincidencia tan exacta entre los resultados de dos métodos distintos es un gran golpe de suerte. Confirma que el cometa realmente gira con un periodo de unas 7 horas, y las pequeñas diferencias se explican por errores de medición. Entender la rotación de los cometas ayuda a predecir cómo se comportarán en el futuro y cómo influye la luz solar en sus trayectorias.
El periodo de rotación del cometa 3I/ATLAS, de unas 7 horas, casi coincide con la duración de una jornada laboral humana. El cometa completa tres vueltas en un día terrestre.