Una cámara térmica normalmente funciona como un termómetro con matriz: mide cuánto se ha calentado cada píxel y lo convierte en imagen. Pero este método tiene un límite: el ruido propio del aparato impide ver el calor débil. Los autores del nuevo trabajo hicieron algo distinto: su detector no mide la temperatura directamente, sino que cuenta eventos raros y aleatorios causados por el calor. Cuanto más caliente está el objeto, más frecuentes son estos eventos, como gotas de lluvia que repiquetean más fuerte en el tejado durante un aguacero.
El aparato capta luz infrarroja en un amplio rango, de 3 a 14 micrómetros. Es como si una sola cámara viera tanto el calor del cuerpo humano como el fuego de una hoguera. Normalmente se necesitan dos detectores distintos para estas tareas, pero aquí basta con uno. La sensibilidad del aparato es de unos 80 a 100 milikelvins, es decir, detecta cambios de temperatura de menos de una décima de grado. Para comparar: la piel humana se calienta unas décimas de grado cuando pones la palma sobre una pared fría.
Este enfoque podría servir en cámaras de visión nocturna, sistemas de seguridad y diagnóstico médico, en cualquier lugar donde sea importante ver el calor sin necesidad de un enfriamiento voluminoso.
El rango infrarrojo de 3 a 14 micrómetros se llama "ventana atmosférica": en él, la radiación térmica casi no es absorbida por el aire, por lo que las cámaras térmicas ven lejos.