El nacimiento de una estrella se asemeja a la cocción en un horno cósmico gigante. Primero, una nube helada de polvo cósmico y gas se comprime, en el centro se enciende un fuego termonuclear, pero está oculto tras una espesa «harina». Solo se puede ver en los rayos térmicos: el polvo se calienta y brilla, delatando el núcleo.
Los astrónomos estudiaron las huellas de arcoíris de la luz de miles de estrellas, buscando el brillo del hidrógeno —señal de que dentro hay una reacción. Así encontraron 26 «bollitos de polvo» antes desconocidos. El hallazgo clave es una escala de color: comparando los datos de brillo en diferentes tonos infrarrojos, los científicos trazaron un camino desde un objeto densamente cubierto de masa hasta una estrella dorada con una corteza crujiente.
Lo más sorprendente: en el diagrama apareció un vacío —una etapa en la que el polvo desaparece tan rápidamente que casi no la notamos, como un bizcocho que se quema al instante en modo grill.
En el diagrama de color se encontró un hueco: una etapa en la que el polvo desaparece casi al instante. Estas estrellas son tan raras como si la naturaleza cambiara el horno de modo «hornear» a «grill».