El púlsar de la Nebulosa del Cangrejo parpadea como un faro: cada 33 milisegundos emite un pulso de radio, y así, con la precisión de un reloj atómico. Pero a veces su rotación se desvía: la estrella de repente se acelera un poco, como si algo girara en su interior. Estos fallos se consideraban aleatorios, como los clics de un metrónomo al que a veces se empuja.
Los astrónomos reunieron datos de muchos años y vieron que los fallos pequeños no están dispersos al azar. Se agrupan en racimos: series de varios fallos consecutivos. Entre racimos hay pausas, y cuanto más larga es la pausa, más grande es el siguiente racimo. Esto se parece a un depósito: dentro de la estrella hay una reserva de rotación que se acumula y luego se libera en porciones.
En junio de 2025, los científicos predijeron que pronto comenzaría una nueva serie de fallos. Y efectivamente: en julio y agosto ocurrieron dos fallos pequeños. Ahora esperan un fallo grande antes de agosto de 2026, uno que cambie la frecuencia de rotación de la estrella en una cantidad notable.
Este descubrimiento cambia la visión sobre los púlsares. Antes se pensaba que los fallos eran pura casualidad. Ahora está claro que dentro de la estrella hay un ritmo a largo plazo, como un resorte que acumula y libera energía. Y ese ritmo se puede leer en los grupos de fallos, como si fuera un horario.
El púlsar de la Nebulosa del Cangrejo gira 30 veces por segundo, y sus fallos son tan pequeños que cambian el período de rotación en una milmillonésima de segundo.
La idea de eventos cósmicos predecibles resuena con la novela 'Solaris' de Stanisław Lem, donde el océano de un planeta se comporta según una lógica incomprensible pero no aleatoria.