La luz de las estrellas jóvenes más calientes normalmente no puede abandonar su galaxia: el hidrógeno la absorbe, como una cortina densa retiene el rayo de sol. Pero a veces la cortina se entreabre y los fotones ultravioleta escapan al espacio intergaláctico. Esa radiación 'fugitiva' se ha captado por primera vez en tres galaxias espirales masivas, tan lejanas que su luz ha tardado casi ocho mil millones de años en llegar a la Tierra.
Las tres galaxias nos miran casi 'de frente': sus discos están orientados hacia el observador, no de canto. Quizá por eso la luz ha podido escapar: en esa orientación hay menos gas denso en el camino del rayo. Dos de las tres galaxias tienen núcleos activos —agujeros negros supermasivos que devoran materia— y su contribución aún debe separarse. Pero una de ellas, probablemente, brilla gracias a sus estrellas, y su ejemplo muestra que incluso en los grandes sistemas espirales hay 'ventanas' para la luz que escapa.
Este descubrimiento sugiere que, para entender cómo las estrellas jóvenes iluminaron el universo primitivo, hay que tener en cuenta no solo la composición de la galaxia, sino también su orientación respecto a nosotros. La luz puede escapar no uniformemente en todas direcciones, sino en haces estrechos, como el agua encuentra grietas en una presa.
La luz de estas galaxias comenzó su viaje cuando en la Tierra aún no había dinosaurios: hace unos 8 mil millones de años.
En la novela 'Spin' de Robert Wilson, las estrellas se apagan porque su luz no puede atravesar una barrera; aquí es al revés: la luz encuentra una rendija en la cortina de gas.