Una taza caliente o una mano humana emiten luz invisible: radiación infrarroja media. Cada sustancia absorbe esta luz de manera distinta, dejando una “huella dactilar” única. Con esa huella se puede saber de qué está hecho un objeto sin tocarlo.
Antes, para ver esa huella se necesitaban láseres enormes que funcionaban con destellos muy cortos. Eran caros y complicados. El nuevo montaje usa un láser con pulsos más largos, de nanosegundos. Ese láser es más compacto y sencillo. Su luz incide en una cámara normal, sensible al infrarrojo cercano. Gracias a un truco ingenioso, la absorción de dos fotones, la cámara “ve” la luz infrarroja media, aunque no está diseñada para ella.
Los investigadores obtuvieron por primera vez video a varios fotogramas por segundo en el rango donde se encuentran las huellas de muchas moléculas. Esto significa que se pueden seguir procesos químicos en vivo: cómo se seca la pintura, cómo se distribuye un fármaco en una pastilla o cómo cambia la composición del plástico al calentarse.
Ahora este dispositivo se puede montar en una mesa común. Abre el camino a sistemas de análisis químico baratos y rápidos para fábricas, hospitales y laboratorios.
Al infrarrojo medio a veces se le llama la “región de las huellas dactilares” de las moléculas, porque allí cada molécula absorbe luz en longitudes de onda estrictamente propias, como un patrón único en un dedo.