Investigadores utilizaron sensores cuánticos basados en centros NV (defectos de nitrógeno en diamante) para registrar de forma no invasiva las señales magnéticas del corazón (magnetocardiografía, MCG). En experimentos con y sin blindaje magnético, la señal se promedió a lo largo de cientos de ciclos cardíacos. La sensibilidad de los sensores, de 6–26 pT/√Hz con un volumen activo inferior a 0,5 mm³, ya invita a pensar en la detección de un único latido. Un paso clave hacia la clínica es la gradiometría con centros NV: así como dos micrófonos restan el ruido común, dos diminutos sensores suprimen las interferencias magnéticas externas. Esto abre el camino hacia la MCG portátil y la encefalografía magnética.
Un diminuto defecto en el diamante es como un oído microscópico, capaz de captar la «respiración» magnética del corazón. Estos sensores funcionan a temperatura ambiente y no superan el tamaño de un grano de arena.
Para oír una señal débil en una habitación ruidosa, los ingenieros usaron dos sensores: tal como nuestros oídos comparan el sonido para aislar el habla, así un par de «oídos» de diamante sustrae el fondo magnético. Esto permitió registrar un magnetocardiograma sin un voluminoso blindaje.
La ironía es que el sensor no es un diamante perfecto, sino su imperfección: un átomo de nitrógeno junto a un vacío en la red. Precisamente este defecto, bajo la luz de la espectroscopia óptica, se convierte en un elemento ultra sensible. En el futuro, estos sensores podrían ser la base de parches diagnósticos sin contacto, más baratos y portátiles que los magnetómetros tradicionales.
🎯 La primera vez que se captó el pulso magnético del corazón fue en 1963: el equipo era del tamaño de un automóvil y requería un costoso aislamiento magnético.
🎬 El tricorder médico de «Star Trek» está más cerca de lo que parece: un compacto sensor de diamante lee los ritmos magnéticos sin contacto.