La luz de una sola molécula es como una voz solitaria en un coro inmenso. Para escucharla no basta un micrófono, sino un instrumento delicado que capture cada fotón y registre el momento de su llegada. Eso es lo que han construido los investigadores: un dispositivo que mide no solo el brillo y el color de la emisión, sino también con qué frecuencia los fotones llegan en pares, lo que se conoce como estadística de segundo orden.
La molécula IDTBT es una cadena larga de unidades alternadas, similar a un collar de cuentas. Cuando se ilumina, absorbe luz y la reemite. Pero no de cualquier manera: dentro de la cadena, la energía puede saltar de una unidad a otra, y si esos saltos están coordinados, los fotones no salen uno a uno, sino con un patrón definido. El instrumento mostró que en diferentes regiones del espectro, es decir, para distintos colores de emisión, el patrón varía. También cambia al pasar de temperatura ambiente a temperaturas criogénicas.
¿Por qué es importante? En la naturaleza hay moléculas que transfieren energía casi sin pérdidas, como en la fotosíntesis de las plantas. Se cree que la coherencia cuántica ayuda a que la energía llegue más rápido a su destino. El nuevo método permite observar este proceso a nivel de una sola molécula sin destruirla. Por ahora los resultados son solo una pista, pero ya se ve que la vida cuántica dentro de la molécula es más rica de lo que se pensaba.
La molécula IDTBT está formada por miles de átomos, pero se comporta como un sistema cuántico único: su emisión puede ser 'comprimida', es decir, los fotones llegan en pares con más frecuencia que los de una bombilla común.