De noche, cuando la mayoría de la gente duerme, la enorme antena del radiotelescopio Green Bank, en Virginia Occidental, sigue escuchando el cielo. En 24 186 horas —casi tres años de observación ininterrumpida— ha captado 50 púlsares y tres ráfagas rápidas de radio. Las ráfagas rápidas de radio son pulsos de radio cortos pero increíblemente potentes que llegan de galaxias lejanas. Duran solo unos milisegundos, pero en ese tiempo liberan tanta energía como la que el Sol emite en varios días.
Entre los púlsares capturados —estrellas muertas que giran y emiten haces de radio como faros— había uno completamente nuevo. Se llama PSR J0039+5407. Da una vuelta cada 2,2 segundos, más lento que la mayoría de los púlsares conocidos. Pero lo más extraño es que este púlsar permanece en silencio el 70–80% del tiempo. Los astrónomos llaman a este comportamiento "nulling": como si un faro encendiera y apagara su luz sin razón aparente.
Las tres ráfagas rápidas de radio que captó el telescopio resultaron ser de fuentes ya conocidas: se habían observado antes. La principal dificultad para encontrar ráfagas nuevas es el haz único del telescopio. Solo apunta a un punto del cielo, y las interferencias terrestres —de radares, satélites, microondas— se disfrazan fácilmente de señales cósmicas. Un caso es especialmente ilustrativo: un pulso pasó todos los filtros, pero al examinarlo en detalle resultó ser parte de una señal de banda estrecha más larga, de origen desconocido. Aún no está claro si es terrestre o celeste.
El telescopio sigue escuchando. Quizá la próxima ráfaga rápida de radio sea nueva, y entonces sabremos más sobre lo que ocurre en galaxias lejanas.
Una ráfaga rápida de radio dura alrededor de un milisegundo, pero en ese tiempo libera tanta energía como el Sol en varios días.
En la novela de Carl Sagan "Contacto", los radiotelescopios captan una misteriosa señal del espacio — aunque allí resulta ser un mensaje de una civilización extraterrestre, no una ráfaga natural.