En una densa nube de gas donde se está formando una estrella más pesada que el Sol, hay una diminuta fuente de ondas de radio. Funciona como un láser: las moléculas de metanol amplifican la radiación y vemos un punto brillante. Pero ese punto se comporta de manera extraña: su brillo sube y baja en cuestión de horas.
Los científicos siguieron la fuente G33.641-0.228 desde 2009 hasta 2016. Notaron que durante una llamarada, el brillo cambia en 0,3 días, unas siete horas. Y además: la luz de la fuente resultó estar parcialmente retorcida. La proporción de esa luz retorcida alcanzaba el 20 por ciento, y en periodos tranquilos caía a cero.
Para explicar esto, los científicos propusieron el siguiente escenario. Detrás de la nube con el máser ocurre una explosión, similar a una llamarada de radio solar. Esa explosión genera luz retorcida. Luego, esa luz atraviesa la nube de metanol, y la nube la amplifica como un amplificador de sonido. Por eso vemos tanto las ráfagas rápidas como la luz retorcida al mismo tiempo.
Este esquema explica por qué el retorcimiento desaparece cuando el brillo aumenta: la luz de la explosión supera temporalmente la emisión propia de la nube. Ahora los astrónomos tienen la clave para resolver el misterio de estos láseres cósmicos parpadeantes.
Los máseres de metanol son cientos de miles de veces más brillantes que cualquier láser creado por el hombre, aunque toda su energía proviene de moléculas ordinarias en una nube de gas.
Un principio similar de amplificación de luz se describe en la novela 'Solaris' de Lem: el océano del planeta genera radiación coherente que los científicos intentan descifrar.