El cielo nocturno no solo brilla con estrellas. Entre ellas se extiende un tenue resplandor de microondas que los astrónomos llevan tres décadas observando sin poder explicar. Una de las ideas es que los culpables son los hidrocarburos aromáticos policíclicos: moléculas parecidas a diminutas escamas de hollín que giran en el espacio y, como pequeñas antenas, emiten ondas de radio.
Las nuevas observaciones con el instrumento DIRBE del satélite COBE compararon ese resplandor con el mapa del polvo y con el mapa de la emisión de las propias moléculas. Resultó que la señal de microondas coincide mucho mejor con el polvo que con las moléculas, como si el ruido del motor no viniera de la correa, sino de toda la carrocería. Esto significa que o bien la emisión no proviene del "hollín" molecular, sino de otros granos de polvo, o bien las moléculas brillan en microondas solo bajo condiciones especiales que aún no comprendemos.
Si el misterioso resplandor no nace en las moléculas, sino en el polvo común, entonces estamos leyendo mal una de las "firmas" más extendidas de nuestra galaxia. Y esto es importante para los mapas de todo el cielo que se utilizan también para buscar rastros del Big Bang.
Los hidrocarburos aromáticos policíclicos no son solo "hollín" cósmico. También se forman al asar carne sobre brasas y en los gases de escape, así que el espacio y la barbacoa comparten la misma química.