Catorce átomos de rubidio se alinearon como cuentas en un hilo. Cada átomo es un pequeño imán que puede apuntar hacia arriba o hacia abajo. Juntos obedecen reglas estrictas, similares al horario de un tren: todo es predecible, todo se repite. Pero basta con introducir un cambio casi imperceptible para que el horario se descarrile.
Los físicos saben desde hace tiempo que en estas cadenas existen leyes de conservación "frágiles". Son como hilos invisibles que mantienen el orden. Basta un soplo débil para que los hilos se rompan. En el experimento, el soplo fue la interacción entre átomos, que difiere ligeramente de la ideal. Los científicos no observaron cada átomo por separado, sino toda la cadena a la vez: su comportamiento colectivo.
Este crecimiento es la huella de la ruptura de las leyes frágiles. Se encontraron rastros similares en otro indicador que considera las conexiones entre átomos vecinos. Los cálculos computacionales para cadenas más largas y un modelo simple con monedas confirmaron que la fragilidad deja una marca notable.
Este enfoque abre el camino a pruebas precisas de cómo las pequeñas perturbaciones alteran los sistemas grandes. Catorce átomos son un escenario diminuto donde se representa la obra de cómo el orden se convierte en desorden.
El rubidio es un metal que se funde a los 39 grados Celsius, apenas más caliente que el cuerpo humano.