Las naves espaciales Parker Solar Probe y Solar Orbiter vuelan cerca del Sol y miden el viento solar: la corriente de partículas cargadas que sopla constantemente desde nuestra estrella. En ese viento se encuentran quiebres bruscos del campo magnético, con forma de letra Z. Al principio parecía que esos quiebres solo existían donde el viento es rápido, y que en la zona lenta desaparecían. Una nueva investigación ha demostrado que los quiebres no habían desaparecido: simplemente no se notaban por la forma de procesar los datos.
Antes, los científicos buscaban los quiebres comparando el campo magnético con un promedio corto de unos minutos. Pero los propios quiebres son grandes fluctuaciones que alteran ese promedio, y así los quiebres se 'comían' a sí mismos en los cálculos. Además, se miraba la velocidad instantánea del viento: si cerca de un quiebre la velocidad aumentaba temporalmente, todo el punto se clasificaba como viento rápido, aunque en promedio el viento fuera lento. Cuando los autores recalcularon los datos con un promedio más largo (varias horas) y compararon el campo con la dirección de la espiral de Parker (la trayectoria estable del viento solar), los quiebres aparecieron también en la zona lenta.
El resultado cambia el panorama sobre el origen de los quiebres. Antes se pensaba que nacían solo en el viento rápido y que en el lento no había. Ahora se ve que los quiebres probablemente se originan en la corona tranquila del Sol y se intensifican cuando el viento se expande en la fase lenta. Después, en el viento rápido, sus versiones grandes siguen creciendo, mientras que las pequeñas se destruyen por la turbulencia. Así que los quiebres son una firma común del viento solar, no una característica exclusiva de los flujos rápidos.
El viento solar sopla a velocidades de 300 a 800 kilómetros por segundo, pero incluso en su parte más rápida es miles de veces más enrarecido que el aire de una habitación.