En sus primeros instantes, el universo se parecía a una masa que empieza a leudar. Si la levadura está distribuida de manera desigual, los panecillos saldrán de distintos tamaños. Los astrónomos buscan esos «grumos» en la luz más antigua y en la distribución de las galaxias para entender cuál fue la receta.
Un grupo de investigadores tomó un catálogo de 1201 cúmulos de galaxias, los «grumos» más grandes del cosmos. Estos cúmulos se detectaron por cómo distorsionan la radiación de fondo (la luz que quedó del Big Bang). Los científicos compararon cuántos cúmulos con diferentes masas se encuentran a distintas distancias de nosotros con los cálculos para diferentes variantes de la «receta» del universo. Resultó que los datos coinciden mejor con la variante más simple: las inhomogeneidades iniciales eran aleatorias, como burbujas en una masa bien mezclada.
Este resultado es importante porque los científicos ponen a prueba la hipótesis de que, en las primeras fracciones de segundo, el universo se expandió de manera no del todo uniforme. Si así fuera, en la distribución de los cúmulos aparecerían desviaciones notables respecto a la aleatoriedad. Por ahora no se ven: el parámetro medido que describe tales desviaciones resultó cercano a cero (55 ± 125, es decir, dentro del margen de error es compatible con cero).
Ahora que los telescopios de nueva generación comenzarán a construir mapas del cielo aún más detallados, este método permitirá comprobar con mayor precisión cuán «liso» fue el nacimiento de nuestro mundo.
Los cúmulos de galaxias son tan masivos que curvan la luz de objetos más lejanos, como una lente. Esto permite pesarlos sin un solo gramo de materia visible.
En la novela «Contacto» de Carl Sagan, la protagonista escucha una señal proveniente de un cúmulo de galaxias distorsionada por lentes gravitacionales, el mismo efecto que ayuda a los astrónomos a encontrar tales cúmulos.