La luz se apaga como una hoguera a la que dejan de echar leña. Los estallidos de rayos gamma, las explosiones más brillantes del universo, tienen su propio ritmo de extinción. Los astrónomos tomaron 85 de estos destellos captados por el satélite Swift y observaron a qué velocidad disminuye su brillo.
Dentro del estallido se esconde un agujero negro que engulle materia con avidez. Expulsa dos chorros estrechos, los jets, y son ellos los que brillan. Pero, ¿qué hace girar esos chorros? Hay dos sospechosos. El primero son los campos magnéticos, enrollados alrededor del agujero como un muelle. El segundo son los neutrinos, partículas fantasma que nacen en el disco ardiente alrededor del agujero y se llevan energía. Cada mecanismo tiene su propia firma: los campos magnéticos apagan la luz lentamente; los neutrinos, rápido.
Los científicos compararon las pendientes de los 85 destellos con las predicciones. 15 destellos se alinearon con la línea de los campos magnéticos, y 22 con la de los neutrinos. Pero la mayoría quedaron en medio. Eso significa que la naturaleza no elige una sola opción: ambos mecanismos trabajan juntos, aunque los neutrinos suelen llevarse la mayor parte.
Ahora los astrónomos tienen una herramienta sencilla: mides la pendiente y sabes qué hay dentro. La luz se apaga, y nosotros leemos en su extinción como en un libro.
Un estallido de rayos gamma puede liberar en unos segundos tanta energía como la que el Sol emitirá en toda su vida, unos 10 mil millones de años.
En la novela 'Hyperion' de Dan Simmons, los estallidos de rayos gamma son un arma que destruye planetas enteros.