Una película fina de un óxido complejo es como un calco: hay que despegarla con cuidado de una superficie y colocarla en otra sin romperla. Antes se usaban capas que se disuelven en agua, pero o se disolvían demasiado lento o dañaban la propia película. Ahora se propone un nuevo "pegamento": el óxido de bario. Desaparece en agua en cuestión de minutos, dejando la película intacta.
En el experimento se cultivó una película de material magnético de solo 8 nanómetros de espesor, mil veces más delgada que un cabello humano. Sobre ella se depositó una capa de óxido de bario. Al sumergir el conjunto en agua, el óxido de bario se disolvió y la película flotó libremente. Se transfirió a una oblea de silicio, la base de los futuros microchips. Las comprobaciones mostraron que la estructura cristalina de la película no sufrió daños y que los átomos extraños penetraron solo medio nanómetro en su interior.
El método promete ser rápido y barato: el óxido de bario es de composición simple y la disolución ocurre en agua corriente. Estas películas transferidas podrían servir de base para la electrónica flexible, sensores y nuevos tipos de memoria. Agua, silicio y una fina capa de óxido: esa es toda la receta.
Una película de 8 nanómetros de espesor es tan fina que si la ampliáramos al tamaño de un campo de fútbol, su espesor seguiría siendo menor de un milímetro.