El bosón de Higgs vive increíblemente poco: menos de una milmillonésima de segundo. No se puede capturar directamente, por lo que los físicos observan lo que queda tras su desintegración: chorros de partículas, muones, neutrinos. Pero parte de la información se pierde si solo se consideran las huellas explícitas de la desintegración y no todo el evento en su conjunto.
El nuevo enfoque, llamado 'holístico', utiliza los datos de todas las partículas registradas en cada colisión. Es como si, al evaluar un huracán, no solo se mirara la velocidad del viento, sino también la presión, la humedad y la temperatura del aire circundante. En el futuro colisionador CEPC, este método reduce el error estadístico relativo para las desintegraciones del Higgs en quarks b, quarks c, gluones y pares de bosones W o Z hasta 0.16–5.21% según el canal.
La precisión aumenta con el tamaño de la muestra de entrenamiento: cuantos más eventos simulados se usen para ajustar el algoritmo, menor es el error. Esto proporciona una forma de verificar la fiabilidad del método y evaluar sus errores sistemáticos.
El bosón de Higgs es la única partícula conocida con espín cero: no gira como una peonza, sino que es completamente simétrico.
En la novela 'El problema de los tres cuerpos' de Liu Cixin, los físicos se enfrentan a la distorsión de las leyes de la naturaleza: las mediciones precisas del Higgs podrían servir como detector de tales anomalías.