En una película magnética delgada, las ondas de espín se propagan como ondas en una cuerda tensa. Si añadimos tiras metálicas a la película, obtenemos un resonador parecido a una caja de música, donde algunas notas suenan fuerte y otras se apagan. Normalmente, un resonador así filtra las frecuencias de forma estricta, pero los investigadores notaron que, al aumentar ligeramente la señal, las bandas "sordas" se desplazan.
El secreto está en que las ondas de espín dentro del resonador se comprimen en un espacio estrecho, como una multitud en una puerta donde la densidad aumenta bruscamente. Ya con una potencia débil, las ondas empiezan a sentir el hacinamiento y cambian sus propiedades. Este efecto se pudo observar mediante microscopía ultrarrápida y simulaciones.
Esta dependencia de la potencia recuerda al comportamiento de una neurona: una señal débil no pasa, mientras que una fuerte abre el camino. Los científicos aprovecharon esto para demostrar la absorción selectiva en frecuencia: el resonador decide por sí mismo qué onda dejar pasar y cuál retener. Es un paso hacia circuitos de computación donde la información se transmite no con electricidad, sino con ondas magnéticas.
Las ondas de espín en el granate de hierro-itrio pueden propagarse varios centímetros sin atenuación apreciable, como un eco en las montañas que tarda en desvanecerse.