Una diminuta nube de átomos, atrapada en una red de luz retorcida, se organiza por sí sola en un mosaico no periódico con simetría óctuple. Sorprendentemente, no se necesita una red 'no repetitiva' especial: basta con una mezcla de dos tipos de átomos en proporciones iguales y potenciar su interacción. Estos cuasicristales cuánticos podrían convertirse en una plataforma para mediciones de altísima precisión y la simulación de fases exóticas.
🎯 La simetría de ocho rayos está prohibida para los cristales ordinarios; por eso los cuasicristales, obtenidos por primera vez en 1982, causaron sensación científica. Más tarde, estas estructuras se encontraron en meteoritos, demostrando que la naturaleza sabe crear lo imposible.