Un buen cocinero prueba la sopa y añade una pizca de sal. Una balanza normal no notaría esa pizca, pero una sensible sí. En el mundo cuántico, el papel de esas balanzas lo desempeñan pares de partículas entrelazadas. Antes se pensaba que la conexión debía ser la más fuerte posible; de lo contrario, la precisión no mejoraría. Pero un nuevo trabajo demuestra que basta con una goma elástica débil entre las partículas.
Los físicos tomaron dos fotones y los conectaron de manera que la fuerza de la conexión pudiera ajustarse como la tensión de una goma. Luego usaron ese par para medir el desplazamiento de fase de la luz, algo así como cuando el cocinero prueba la sopa. Resultó que incluso con una conexión débil, la precisión es notablemente mayor que la de cualquier instrumento sin efectos cuánticos. El dispositivo habría detectado esa pizca de sal que una balanza normal habría pasado por alto.
El beneficio práctico es simple: una conexión fuerte entre partículas es difícil de crear y mantener. Se rompe con el más mínimo ruido. En cambio, una conexión débil es más fácil de mantener, lo que hará que los sensores cuánticos sean más accesibles. Por ahora, el dispositivo no es escalable, pero el siguiente paso es integrarlo en un solo chip, como un microcircuito.
Así que en la cocina cuántica no siempre hace falta cocinar a fuego máximo. A veces, un hervor suave es suficiente para que la sopa quede perfecta.
En el experimento se usaron solo dos fotones, pero la precisión de la medición superó el límite que se consideraba insuperable para los instrumentos convencionales.