Una pieza de metal creada con impresora 3D es visualmente indistinguible de una forjada. Pero cuando se le aplica una carga, en su interior ocurre una historia muy diferente. El haz de rayos X del sincrotrón es como un microscopio que ve a través del acero y muestra lo que sucede justo en la punta de la grieta.
En el acero forjado convencional, la grieta, antes de propagarse, se desafila. Alrededor de su punta, el metal se reorganiza: las capas atómicas se deslizan, se acumulan defectos y se forma una zona que parece suavizar el impacto. Esta redistribuye la carga, reduce la tensión y evita que la grieta avance de golpe.
En la pieza impresa, esa almohada casi no existe. La grieta permanece afilada y la alta tensión se mantiene a gran distancia por delante de ella. El metal no tiene tiempo de desafilar el defecto peligroso y la fractura comienza antes. Los científicos han visto por primera vez esta diferencia en volumen, siguiendo el crecimiento de la grieta bajo carga en tiempo real. Ahora está claro que la fiabilidad de la pieza no depende solo de la composición de la aleación, sino también de cómo se desarrolla la zona plástica alrededor de la grieta, y esto se puede medir.
La radiación de sincrotrón es tan potente que permite ver procesos dentro del metal con una precisión de fracciones de micra, como ver el movimiento de un cabello a varios kilómetros de distancia.