Un diminuto defecto en el cristal de un diamante funciona como una antena sensible. Si un campo magnético oscila cerca, este defecto —una vacancia de nitrógeno— responde con un destello de luz. Antes, para escuchar la señal, había que acumular muchas mediciones repetidas, como quien escucha un susurro pegando el oído a la puerta. Ahora basta con una breve «mirada».
Los autores del trabajo demostraron que la intensidad y la fase de un campo magnético variable de 4 megahercios se extraen de solo dos mediciones consecutivas. La precisión es de 78 nanoteslas en amplitud y 63 milirradianes en fase, con una resolución temporal de 320 microsegundos. Para que nos hagamos una idea: 78 nanoteslas es aproximadamente cien mil veces más débil que el campo magnético terrestre.
Los científicos también comprobaron qué ocurre cuando la frecuencia de la señal de prueba no coincide con la del campo, y cómo se comporta el método en campos intensos. Los errores pueden estimarse de antemano. Además, el protocolo permite cambiar la frecuencia de la señal de prueba durante el experimento, como sintonizar una radio en marcha.
Este enfoque acerca el uso de sensores de diamante a la observación en tiempo real de procesos magnéticos rápidos: desde la actividad de las neuronas hasta los vórtices en superconductores. Un diamante, una medición, y una instantánea de lo invisible.
El centro de nitrógeno-vacancia en un diamante es tan sensible que puede detectar el campo magnético de un solo electrón a una distancia de varios nanómetros.