El silicio es como un bloque de construcción universal: con él se fabrican los chips de los teléfonos, los paneles solares y los láseres. Pero si se comprime con una fuerza enorme, los átomos se reorganizan en nuevos patrones: estas formas se llaman alótropos. Uno de ellos, el Si-XIII, se observó por primera vez hace más de veinte años, pero su patrón exacto seguía siendo un enigma. Los científicos sabían que existía, pero no podían entender cómo estaban dispuestos los átomos.
Ahora, los investigadores han combinado la simulación computacional con experimentos. Construyeron un modelo del cristal y lo verificaron con todos los datos conocidos: distancias entre capas, frecuencias de vibración de los átomos, estabilidad de la estructura. El modelo encajó perfectamente. Resultó que el Si-XIII es un empaquetamiento especial de átomos que surge bajo ciertas condiciones de presión y temperatura.
Este descubrimiento cierra una brecha que llevaba tiempo en el diagrama de fases del silicio: el mapa que muestra qué formas de la materia existen a diferentes presiones y temperaturas. Comprender estas formas ayuda a crear materiales con propiedades específicas, como células solares más eficientes o nuevos tipos de memoria. Y es otro ejemplo de cómo la teoría y el experimento juntos resuelven problemas que no podían abordarse por separado.
A presiones de millones de atmósferas, el silicio puede volverse metálico y conducir la corriente eléctrica, aunque en condiciones normales es un semiconductor.