Los científicos calcularon si se puede hacer de Marte un lugar cálido y respirable. Resultó ser como intentar llenar un océano con una manguera de jardín: se necesitan reservas inimaginables de gases y energía. En lugar de eso, es más realista crear oasis cerrados. ¿Vale la pena perseguir un planeta entero cuando se puede empezar por algo pequeño?
Hoy, la superficie marciana es una casa fría y casi sin aire. El sueño de muchos es reconstruirla por completo: calentar el planeta, llenarlo con aire de dióxido de carbono y nitrógeno. Pero los investigadores calcularon que semejante «transformación» requeriría espejos en el espacio que recojan luz solar y se extiendan sobre un área del tamaño de África para derretir los casquetes polares, además de fábricas que emitan gases durante mil años. Incluso para hacer el aire respirable se necesitaría la energía que la humanidad produce en cientos de años. Y eso es solo la mitad del problema: sin un campo magnético, Marte perdería su nueva atmósfera rápidamente bajo el embate del viento solar.
Por suerte, en vez de reformar toda la casa, se puede montar una gran tienda en la mejor habitación. Las cúpulas sobre valles o cráteres permiten crear un clima terrestre en una pequeña zona. Este enfoque ya es viable hoy y requiere muchos menos recursos. Las personas podrán vivir y trabajar dentro, e incluso estudiar el planeta sin traje espacial, saliendo al exterior solo con un traje protector.
🎯 Sin campo magnético, cualquier nueva atmósfera de Marte sería barrida por el viento solar en apenas unos millones de años, un suspiro en tiempo geológico.
🎬 Este tema es conocido por la trilogía de Kim Stanley Robinson sobre la colonización de Marte, desde las primeras cúpulas hasta los grandiosos intentos de transformar completamente el planeta.