Una célula puede editarse perfectamente, pero aun así resultar inútil. El gen se corrige exactamente según el plan, pero la célula se comporta de manera impredecible: deriva, cambia su destino, pierde seguridad. Es como arreglar un engranaje de un reloj, pero el reloj sigue andando mal porque todo el mecanismo se ha desajustado.
Antes se veía a la célula como una lista de piezas independientes. Los autores del trabajo proponen otra perspectiva: la célula es una bola sobre una superficie ondulada. Cada valle es un estado estable, y las colinas son las barreras entre ellos. Tras la edición, la bola puede rodar hacia el valle equivocado. El nuevo indicador, la estabilidad geométrica, mide cuán coherentemente responde la célula a los cambios. Si todas las respuestas apuntan en la misma dirección, la célula rueda con confianza hacia el valle deseado. Si las respuestas divergen, la bola va de un lado a otro y puede quedarse atascada en la ladera.
Esto es importante para la medicina del futuro, donde las células se reprograman para tratar enfermedades. La pregunta pasa de «¿ocurrió la intervención?» a «¿es estable el nuevo estado?». Si la célula es inestable tras la edición, la terapia podría no funcionar o volverse peligrosa. El nuevo método ayuda a prever hacia dónde rodará la bola.
El concepto de paisaje epigenético, en el que se basa el trabajo, fue propuesto por Conrad Waddington ya en 1957. Dibujaba una bola rodando por valles como metáfora del desarrollo celular.
En la serie «Westworld», los robots anfitriones se reprograman, pero a veces su comportamiento se vuelve impredecible, como las células que tras la edición ruedan hacia estados inesperados.