Un imán de nevera se mantiene pegado porque en su interior las diminutas agujas atómicas están alineadas en una misma dirección. Pero la mecánica cuántica hace que estas agujas tiemblen, y la magnetización total se vuelve menor que la ideal. En un nuevo trabajo, los físicos proponen medir ese temblor a través de cómo los neutrones —partículas sin carga del núcleo atómico— rebotan en la muestra.
En el experimento, un haz de neutrones se dirige hacia un material magnético. Una parte de los neutrones se dispersa, y observando cómo cambia su polarización con el tiempo se puede deducir la fuerza de las fluctuaciones cuánticas. Cuanto más tiempo se mantiene la polarización, menor es el temblor y más cerca está el imán del orden perfecto. Es como cuando el eco en las montañas revela lo accidentado del terreno: un eco débil indica fuertes irregularidades.
Para probar el método, los científicos calcularon el comportamiento de dos tipos de antiferromagnetos —materiales donde las agujas vecinas apuntan en direcciones opuestas. Los cálculos mostraron que tanto la reducción cuántica del momento como la frustración geométrica (cuando una red triangular impide que todas las agujas queden antiparalelas) apagan por igual la señal de larga duración. Esta coincidencia confirma que la medición de la polarización de neutrones refleja directamente el nivel de fluctuaciones cuánticas.
El nuevo enfoque no requiere conocer los detalles de la estructura magnética y funciona incluso con muestras en polvo, donde los cristalitos están orientados al azar. Esto lo convierte en una herramienta útil para estudiar imanes cuánticos —materiales prometedores para tecnologías cuánticas y espintrónica.
Los neutrones no tienen carga eléctrica, por lo que penetran profundamente en la materia y solo sienten los campos magnéticos creados por los electrones.