Un diminuto diamante flota en el aire, sostenido por un campo eléctrico, como una mota de polvo en un rayo de luz. En su interior se esconden defectos: lugares donde un átomo de carbono es reemplazado por nitrógeno y, junto a él, hay un hueco. Estos defectos se comportan como imanes que pueden voltearse con láser y microondas.
Cuando los imanes se voltean, empujan ligeramente el diamante. El empujón es diminuto: como si una hormiga soplara sobre un balón de fútbol. Pero el diamante es tan ligero y está tan bien suspendido que basta para que gire. Los científicos observaron ese giro por la desviación de un rayo láser débil.
Este truco permite leer el estado cuántico no mediante electrónica compleja, sino mediante movimiento ordinario. En el futuro, podría ayudar a crear sensores ultraprecisos y, quizás, a comprobar si un objeto grande puede comportarse como una partícula cuántica.
El diamante del experimento es más pequeño que un grano de arena, pero contiene todo un conjunto de imanes cuánticos, como una ciudad en una gota.
Se parece a los sensores de "Star Trek" que detectan los más mínimos cambios en el espacio.