El tentáculo de un pulpo se dobla, agarra y se estira, todo sin un solo hueso. El secreto está en que en su interior se alternan zonas que se contraen y zonas que permanecen pasivas. Los científicos llevan tiempo intentando replicar este truco en materiales artificiales, pero hasta ahora no podían precisar exactamente cómo cambiaría de forma el material.
Ahora los investigadores proponen imprimir en 3D hilos elásticos hechos de dos materiales a la vez. Uno de ellos, un elastómero de cristal líquido, se contrae al calentarse a lo largo de una dirección determinada, como una goma elástica que se suelta. El segundo material permanece inalterado. La disposición de estos materiales dentro del hilo define su "memoria": al calentarse, el hilo se dobla y se retuerce exactamente como se había previsto. Los científicos pueden controlar la flexión en dos planos y el retorcimiento de forma independiente en cada sección del hilo.
Con estos hilos se ensamblaron rejillas cuyas celdas están formadas por hilos ondulados. Al calentarse, unas rejillas se contraen, otras se expanden y otras se abomban fuera del plano. Un modelo informático predice con precisión el comportamiento de la rejilla si se conocen las propiedades de cada hilo.
Este es un paso hacia la creación de materiales que cambian de forma sin motores ni cables, como los zarcillos de los guisantes que se enrollan alrededor de un soporte, o como la trompa de un elefante que se estira para alcanzar una hoja.
Los elastómeros de cristal líquido pueden contraerse varias veces al calentarse, como un músculo, pero sin necesidad de electricidad: basta con calor.
En la película "Terminator 2", el metal líquido cambia de forma bajo comando: los hilos impresos dan el primer paso hacia esos materiales, solo que se controlan con calor, no con un chip.