Un cuchillo de cocina y un pelador de verduras por separado sirven para distintas tareas, pero cuando un cocinero aprende una receta nueva, a menudo agarra el mismo cuchillo para todo. Parece que el cerebro hace algo similar cuando aprende una nueva habilidad para distinguir imágenes.
En el experimento, los monos entrenaron durante semanas para distinguir diferencias apenas perceptibles en patrones complejos. Durante ese tiempo, los científicos registraron la actividad de cientos de células en la zona visual V4, un área que se encarga del reconocimiento de formas y colores. Al principio del aprendizaje, las neuronas respondían a los patrones de manera diferente, como músicos tocando cada uno su parte. Pero al final del entrenamiento, cada vez más comenzaban a 'cantar al unísono': sus reacciones a las mismas imágenes se volvían similares.
Además, cada neurona por separado comenzó a portar más información sobre lo que se mostraba en la pantalla. Es como un coro: cuando todos cantan la misma melodía, cada voz por separado suena más fuerte y clara, aunque las partes sean iguales. El cerebro no ahorraba esfuerzo, sino que, al contrario, reforzaba la confianza en la respuesta repitiéndola muchas veces.
Este resultado apoya la idea de que el cerebro no solo filtra las señales entrantes, sino que construye un modelo interno del mundo, como un cocinero que ya no mira la receta, sino que 'siente' el plato. Y cuando hay que tomar una decisión, se apoya en ese modelo, no en los datos crudos.
Volvamos a la cocina: un cocinero experimentado no revisa todos los cuchillos, sino que toma uno directamente porque sabe que le servirá. Así también el cerebro, después del aprendizaje, no busca la neurona más informativa, sino que se apoya en todo un coro de células que juntas dan una respuesta segura.
La zona visual V4 en los macacos se encuentra en la parte occipital del cerebro y participa en el reconocimiento incluso de diferencias tan sutiles como la distinción entre tonos de color muy parecidos.