Una computadora cuántica basada en espines de electrones se parece a una fila de diminutas peonzas. Cada peonza gira en el sentido de las agujas del reloj o en sentido contrario: eso es un cubit. Para conocer el resultado del cálculo, normalmente se detiene la peonza y se observa hacia dónde ha caído. Pero si hay muchas peonzas, cada una necesita un "ojo" propio: un cubit auxiliar adicional. Es como tener un segundo cajero solo para que diga que el primero ya ha contado.
Los autores del artículo han encontrado la manera de prescindir del auxiliar. Toman un par de peonzas y las observan simultáneamente mediante la reflexión de ondas de radio. Las peonzas modifican ligeramente su "elasticidad" según cómo giren. La señal reflejada es diferente para las cuatro combinaciones: ambas hacia arriba, ambas hacia abajo, una de cada manera. Es como distinguir los cuatro palos de la baraja simplemente sopesando el mazo en la palma de la mano.
Los científicos probaron la idea en un par de silicio con un diminuto imán. Incluso teniendo en cuenta el ruido del amplificador y los golpes térmicos del cristal, la diferencia entre los cuatro estados sigue siendo apreciable. Esto significa que el método puede integrarse en un chip real y ahorrar espacio. Cuantos menos cubits auxiliares, más fácil será construir una gran computadora cuántica.
El espín del electrón no es la rotación de una bolita, sino una propiedad interna, como la "zurdera" o "diestra" de un guante. Dos electrones en el mismo punto pueden tener espines opuestos y entonces no se estorban mutuamente.