Controlar dispositivos cuánticos no es fácil: hay que ser experto tanto en física como en programación. Unos investigadores le enseñaron a una red neuronal a configurar por sí misma los cúbits superconductores, los ladrillos de los ordenadores cuánticos. Como un piloto automático, sin necesidad de indicaciones, entiende los instrumentos y realiza experimentos. Imagínate: tu teléfono optimizando sus propios microchips mientras duermes.
Una IA ha aprendido a dirigir la orquesta cuántica. Sus instrumentos: circuitos superconductores, átomos artificiales que se mantienen más fríos que el espacio interestelar. Esta IA directora diseña y ejecuta partituras experimentales completas, no solo tocando notas sino creándolas sobre la marcha.
En una interpretación, ejecutó caracterización de resonadores, mapeando la respuesta en frecuencia de un componente sin guía. También recreó una medición cuántica no destructiva, como pulsar la cuerda de un violín con tanta suavidad que las otras cuerdas permanecen en silencio. Tal delicadeza es crucial porque los sistemas cuánticos pierden fácilmente su armonía, un proceso ligado a la entropía, la medida del desorden.
El resultado: el hardware cuántico se vuelve accesible. Los investigadores describen un experimento en lenguaje sencillo, y la IA lo traduce en comandos precisos. Esto se basa en los conocimientos sobre superconductividad de John Bardeen y avanza la visión de David DiVincenzo para la computación cuántica escalable.
🎯 Estos circuitos se enfrían a menos de 0.1 grados sobre el cero absoluto, más fríos que el espacio interestelar, para mantener su rendimiento cuántico sin perturbaciones.
🎬 En la película 'Her', una asistente de IA maneja las tareas de la vida con intuición humana. Este marco experimental ofrece una mano amiga similar para los físicos cuánticos en el laboratorio.