Los materiales cuánticos son como flores caprichosas: solo florecen con el frío. A temperatura ambiente esconden sus propiedades inusuales, pero cuando se enfrían intensamente se vuelven superconductores o cambian su comportamiento magnético. Para entender cómo funcionan, hay que examinar sus átomos en ese mismo frío donde viven esas propiedades.
Un microscopio electrónico normal no sirve para esto: el helio líquido que enfría la muestra tiembla y vibra. Incluso las sacudidas más pequeñas emborronan la imagen, como una mano temblorosa con una cámara en una exposición larga. Los autores del trabajo sortearon este problema: escanearon la muestra con movimientos rápidos y luego unieron los fotogramas, alineando cada imagen según la posición de los átomos.
Además, tuvieron en cuenta que la propia lente del microscopio se distorsiona ligeramente con el frío y corrigieron esas distorsiones matemáticamente. El resultado fueron imágenes nítidas de la red atómica a 253 grados Celsius bajo cero. Ahora se puede ver literalmente cómo los átomos se ordenan en el estado necesario para las tecnologías cuánticas.
Esto abre el camino para descifrar la estructura de los materiales que algún día serán la base de las computadoras cuánticas y de sensores ultraprecisos.
La temperatura de 20 kelvin es más fría que la superficie de Plutón, donde el promedio es de 223 grados Celsius bajo cero.