En las profundidades de la tierra, en una antigua mina de oro en Australia, se encuentra un laboratorio donde el silencio solo se ve interrumpido por raros destellos de luz. Estos destellos son huellas de partículas cósmicas que logran atravesar cientos de metros de roca. Ocho paneles de plástico, parecidos a grandes láminas luminosas, capturan estas partículas.
Cada panel es un centelleador que emite un destello cuando un muón, un pariente pesado del electrón, lo atraviesa. Los muones nacen en las capas altas de la atmósfera cuando los rayos cósmicos chocan con el aire. Solo los más rápidos llegan al laboratorio subterráneo, y ahora su cantidad se ha medido con una precisión récord.
El flujo medido es de aproximadamente seis muones por centímetro cuadrado cada cien días. Esto es diez veces más preciso que lo que predecían los modelos informáticos. Esta precisión es necesaria para el futuro experimento SABRE South, que buscará materia oscura, la misteriosa sustancia que compone la mayor parte del universo.
Ahora que el fondo de muones se conoce con exactitud, los científicos podrán distinguir una señal real de materia oscura de los destellos aleatorios. El silencio subterráneo se ha vuelto más comprensible, y en él se pueden escuchar los susurros más débiles de la naturaleza.
Cada segundo, decenas de muones atraviesan tu cuerpo sin que lo notes, ya que apenas interactúan con la materia.