Bajo tierra se esconde mucho: agua, mineral, arena, arcilla. Para saber qué hay ahí, no hace falta cavar. Basta con hacer pasar una corriente alterna débil por el suelo y escuchar cómo "responde" la roca a diferentes frecuencias. Esta técnica se llama polarización inducida espectral. Por la respuesta se puede deducir la composición: por ejemplo, la arcilla y la arena reaccionan de manera distinta.
Pero la respuesta no es un solo número, sino todo un espectro, como un acorde de muchas notas. Antes cada "nota" se analizaba por separado, y por eso se perdía la melodía general. Ahora los científicos aplicaron una red neuronal que escucha el acorde completo y de inmediato dice de qué está compuesto el suelo. La red se entrenó con 140 muestras: mezclas de granos de distintos tamaños, trozos de mineral e incluso cemento.
El resultado resultó más preciso que los métodos anteriores: el error de reconstrucción de la señal cayó varias veces. Además, con la salida de la red se puede predecir el tamaño de los granos en la roca y la cantidad de partículas conductoras. La coincidencia con las mediciones reales alcanza el 98%. Y la red también aprendió sola a clasificar las muestras: los suelos similares quedan cerca en su espacio interno. Esto ayuda a los geólogos a comparar más rápido los nuevos datos con los ya conocidos.
Los distintos minerales "suenan" de manera diferente bajo la corriente: unos responden al instante, otros con un retardo notable, como una campana y un tambor.