Sobre la superficie del Sol cuelgan largas cintas de gas brillante: los streamers. Se asemejan a arpas gigantes tensadas en la corona. Cuando una onda recorre una de estas cintas, esta tiembla y se curva, como una cuerda después de un pellizco.
Durante mucho tiempo se pensó que solo una eyección de materia muy rápida, que viajara a más de 500 kilómetros por segundo, podía generar una onda así. Pero nuevas observaciones mostraron que el streamer también responde a eyecciones lentas. Dos eyecciones débiles consecutivas provocaron dos ondas que recorrieron la misma cinta de gas.
Ambas ondas se desaceleraban a medida que se alejaban del Sol, pero su ritmo permanecía casi igual: el período de oscilación fue de aproximadamente 2,5 a 2,7 horas. Es como si dos cuerdas pulsadas con distinta fuerza produjeran la misma nota, porque la nota la define la cuerda, no la fuerza del pellizco.
Este descubrimiento cambia la perspectiva sobre cómo la actividad solar transfiere energía a la corona. Incluso los eventos débiles pueden hacer que grandes estructuras vibren y, por tanto, influir en el clima espacial alrededor del Sol.
Los streamers se observan durante un eclipse solar total como largos rayos blancos que se extienden desde el disco oculto por la Luna. Su forma recuerda a un casco con plumas, de ahí el antiguo nombre de "streamers en forma de casco".
En la novela de Arthur C. Clarke "Viento solar", los protagonistas viajan en un yate con vela solar y deben tener en cuenta ráfagas de plasma similares a las que recorren los streamers.