Las ondas de radio, al atravesar la corona solar —la capa exterior del Sol— se distorsionan igual que tiembla el aire sobre el asfalto ardiente. Este espejismo lo provocan los flujos turbulentos de partículas cargadas: el viento solar. Los científicos encontraron una forma de determinar simultáneamente la velocidad del viento y la densidad de partículas (principalmente protones —núcleos de hidrógeno— y electrones) a partir de la intensidad del temblor de la señal. Antes, para estas mediciones se necesitaba conocer el tipo de turbulencia, pero el nuevo método lo evita: registra directamente cómo se ensancha el espectro de las ondas de radio.
Un giro inesperado: los datos clave vinieron de la nave japonesa 'Akatsuki', que estudia Venus. Sus señales de radio, al pasar cerca del Sol, se convirtieron en una sonda ideal para la corona. El método funciona de maravilla para el viento rápido y homogéneo, pero para el lento, que escapa en chorros irregulares, hizo falta una corrección por las inhomogeneidades.
Aunque los electrones son miles de millones de veces más ligeros que los átomos de hidrógeno, su influencia sobre las ondas de radio es muchas veces mayor.
En la película 'Sunshine' la humanidad viaja para salvar un Sol agonizante. En la realidad, escuchamos su respiración a través del temblor de las ondas de radio.