Bajo la corteza helada de Encélado burbujea un océano que funciona como una bomba de calor ideal. Empuja el calor del ecuador hacia los polos, gastando mil veces menos energía de la que transporta: como un motor perpetuo incrustado en la luna. Todo el secreto está en la sal. Si hay muy poca o, por el contrario, demasiada, las corrientes se aceleran bruscamente, como si alguien girara la perilla de la bomba al máximo.
Por eso el hielo en los polos es más delgado que en el ecuador: la sonda Cassini confirmó esta anomalía. Los modelos muestran que con un pequeño cambio en la salinidad, el casquete polar se derretiría por completo o se expandiría hasta el ecuador. El equilibrio es tan frágil que los científicos ven en él una posible pista de vida.
Los géiseres de Encélado lanzan agua al espacio, y la sonda Cassini encontró en ella sal, materia orgánica e hidrógeno, potencial alimento para microbios.
Una luna helada con un océano en su interior recuerda a Europa de '2010: Odisea dos' de Clarke, pero con sus propios géiseres.