Se ha comprobado si la luz intracúmulo (estrellas entre galaxias) puede revelar la forma del halo de materia oscura. La comparación de formas 3D y 2D en la simulación Hydrangea mostró que los ejes de estos componentes casi coinciden (desviación <10°), mientras que la elipticidad difiere en promedio solo 0.07: la materia oscura es ligeramente más redonda. Esto es más preciso que la estimación basada en la distribución de galaxias satélite, que son más alargadas y están peor alineadas. Por lo tanto, el brillo estelar difuso puede ser un marcador fiable de la forma del esqueleto oscuro de los cúmulos.
En los cúmulos de galaxias, la invisible materia oscura actúa como un andamio que mantiene unidos los sistemas estelares. Su forma es revelada por un tenue resplandor: estrellas arrancadas de las galaxias por fuerzas de marea. Este "caldo" estelar llena el cúmulo, como un líquido que adopta la forma del recipiente: envuelve las concentraciones de materia oscura, creando un molde preciso de sus contornos. Los astrónomos midieron la elongación de la nube de luz y la compararon con la forma del halo oscuro: la dirección del achatamiento coincide con una precisión de diez grados, y los contornos mismos difieren solo en un pequeño porcentaje. Sorprendentemente, este resplandor consiste en miles de millones de estrellas, pero juntas brillan menos que una galaxia grande, menos del uno por ciento de su brillo. El método utiliza fotometría, la medición precisa del brillo que revela detalles débiles. Ofrece una imagen más fiable que las estimaciones anteriores basadas en el movimiento de las galaxias. Ya en la década de 1930, Fritz Zwicky sospechó la existencia de masa invisible en los cúmulos; ahora sus contornos se leen en la luz silenciosa.
🎯 Aunque esta luz es emitida por miles de millones de estrellas, su brillo total es menos del 1% del brillo de la galaxia central del cúmulo.